La Escuelita

31 julio, 2011

En un rincón de mi Patria
hubo una escuelita
desolada
los pilares
sostén de pedestales
acomodan paredes
con piedras
graníticas.

 

Junto al buen profesor
me hallaba, otro personaje
escuchaba
dictados
escritos
en el oscuro pizarrón.

 
Captando los oídos
las primeras
letras
sílabas
palabras
tejidas
como, el calendario espiritual
son altas virtudes
en el deber cumplido.

 

De pronto, irrumpen
las torrenciales
lluvias
perforando, con sus gotas
la paja, de antaño
que cubría el techo
de la Escuelita
desolada.

 
Los troncos añejos
sirven todavía
resistiendo
posaderas
de niños, malnutridos
flacos, famélicos.

 

Todo torna en tristeza
días vencidos
que pasan fugaces
remueven, corazones
como flujo, renovable
aflorando sentimientos
de musitable clamor.

 
Es noble apostolado
del buen profesor
y con voz apagada
mudo y yerto
aclama
su bravura
y la vivencia
en el cansancio
adverso del tiempo
frágil pasajero.

 

Bendita Escuelita
que resiste
al desplome
marcando su calendario
cada minuto ido
rayando en el tiempo vencido
las huellas, a no extinguirse
muy pronto, todavía
sin embargo
las huellas blancas
imborrables
cercenan corazones.

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